marzo 01, 2012

Enérgica ( y sin nuclear)


2 mayo 2011 



VOXPUBLICA.RO BUCAREST




La alemana Ursula Sladeck, fundadora de una de las primeras cooperativas de producción energética renovable, acaba de recibir en Estados Unidos el prestigioso premio Goldman de medio ambiente.
Hace 25 años, la nube radioactiva de Chernóbil que pasaba sobre Europa planteó numerosas preguntas sobre las emanaciones tóxicas y su alcance a miles de kilómetros. En aquella época, Alemania Occidental se basaba casi exclusivamente en la energía nuclear y en el carbón para abastecer a su economía en crecimiento.
Un pequeño grupo de empresas poseía el monopolio del mercado energético y controlaba la mayor parte de las redes locales. Para entonces, habían ganado un cierto apoyo popular los movimientos antinucleares, muy activos en los años ochenta. Sin embargo, las poderosas empresas alemanas aún no ofrecían a los consumidores la posibilidad de elegir otras energías además de la nuclear.
Para Ursula Sladeck, madre de cinco hijos en la pequeña localidad alemana de Schönau im Schwarzwald (Selva Negra), la catástrofe de Chernóbil hizo saltar las alarmas sobre los peligros de la energía nuclear. Al igual que sus vecinos, se preocupaba al conocer los informes en los que se mencionaba la detección de residuos radioactivos en los parques de juegos, los jardines, los patios de los colegios y los terrenos agrícolas.

Energía para más de 100.000 hogares y empresas en Alemania

La vida diaria de la familia Sladeck cambió radicalmente: ya no podían consumir los alimentos cultivados y producidos localmente, ni dejar que sus hijos jugaran en el exterior. Ursula y su marido se unieron a otros padres para idear un sistema que les permitiera limitar la dependencia de la energía nuclear de su comunidad.
El grupo emprendió lo que se convertiría en un proyecto de un decenio: tomar el control de la red eléctrica local y, posteriormente, ofrecer a todos los alemanes la posibilidad de optar por una energía producida sobre bases seguras y sostenibles. De ser una simple madre inquieta, Ursula Sladeck pasó a formar parte del origen de una de las primeras empresas europeas que producía energía ecológica. Tras dos decenios de actividad, actualmente su empresa suministra energía a más de 100.000 hogares y empresas en toda Alemania.
Al principio, Sladeck y sus socios formaron una "zona sin energía nuclear" en la región de la Selva Negra. Sensibilizaron a los ciudadanos sobre los problemas relacionados con la producción eléctrica. El primer efecto fue una importante reducción en el consumo energético de la región.

Objetivo: un futuro energético sostenible

En 1991, la empresa KWR, operadora de la red eléctrica de Schönau, tenía que renovar su licencia ante la administración local. Sladeck y sus socios iniciaron una colecta nacional de fondos para tomar el control de la red. El resultado de la campaña fueron dos referendos con los que los ciudadanos decidieron conceder al grupo Sladeck la gestión de la red.
Con la financiación de cerca de 6 millones de marcos alemanes (alrededor de 3 millones de euros), Sladeck logró comprar la red a KWR. Con su grupo, fundó entonces Elektrizitätswerke Schönau (EWS), que se convirtió en proveedor energético y retomó el control de la red de Schönau en 1997.
Desde el principio, EWS se fijó como objetivo favorecer un futuro energético sostenible para Alemania, mediante ayudas financieras a los productores descentralizados de energía a partir de fuentes renovables, como instalaciones solares, pequeños proyectos hidroeléctricos, energía eólica y biomasa.

Una implicación directa y activa de la sociedad civil

La empresa, que funciona como una organización sin ánimo de lucro, cuenta actualmente con más de 1.000 copropietarios, que reciben pequeños dividendos y cuyo beneficio básicamente se reinvierte en las instalaciones de producción energética a partir de fuentes renovables.
En cuanto al Gobierno alemán, ahora se encuentra alineado con los ideales de sostenibilidad de EWS y tiene el objetivo de producir la totalidad de la potencia energética del país a partir de fuentes renovables de aquí a 2050. Por su parte, la empresa de Sladeck espera contar con un millón de clientes de aquí a 2015. El ejemplo de la cooperativa de Ursula Sladeck demuestra que existen soluciones alternativas para eliminar los riesgos de la energía nuclear.
No obstante, estas soluciones nunca procederán de los grandes inversores, centrados en los beneficios inmediatos. Se tarda tiempo en reducir la dependencia de la energía nuclear y para ello se necesita la implicación directa y activa de la sociedad civil. Sobre todo la participación de los que, al igual que Ursula Sladeck, se preocupan por el futuro de sus hijos.



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